lunes, 13 de diciembre de 2021

Poético mensaje de Antonio Aljuri a sus compañeros Santanderinos 55 en este final de año.

 SONRISAS DE OTOÑO

Las Huellas del Tiempo que ha pasado

Escalando la montaña de los años.

Santanderinos hasta el fin

……………

En nuestro deambular por senderos y parajes de la vida, trepando la montaña de los añosobservamos que el camino por el que ahora transitamos, en este peregrinar hacia el mañana, es largo, estrecho y azaroso; es un reto de inteligencia que debemos aceptar y afrontar con fortaleza, experiencia y decisiónsuperando las flaquezas de alma y cuerpoque se puedan presentar.

 

De pronto, al ascender, el aire se enrarece, se empobrece, es más friopero no es el hielo de la noche, es el aleteo del atardecer anochecido de una pesadilla que soñamos. Vuelve la calma, nos dormimos ya tranquilos, optimistas del futuro.

 

Despertamos con la luz de la mañana que sonriendo nos saluda y nos da vida, nos impulsa a comenzar las faenas con empuje y energía. Un nuevo día, un precioso amanecer sin mirarnos al espejo, sin hurgaren el pasado, contemplando el sol de hoy con entusiasmo renovado.

 

A estas alturas del tiempo que ha pasado, vemosmás de cerca la gran cumbre, la suprema montañaque, entre nubes, se insinúa y nos sonríe, nos acoge, nos dice que el portal del cielo nos será allanadocon el paso de los años que nos quedan. Serán muchos, serán pocos, Dios lo sabe. El deseo de vivir es manifiesto, nos impulsa a continuar caminando, sonriendo alegremente, superando los riesgos dediario acaecer.

 

Nos consuela saber que la ruta hacia la bóveda azul está trazada y que algún día, cuando el momentollegue libremente, las puertas se abrirán al que penetre en el zaguán de acceso que conduce aportón celestial imaginado, esperando ingresar en su morada.

 

Afortunadamente, tenemos fortaleza física y mental,hay vida, hay ilusión, hay alegría, transitamos por caminos aun distantes que se pierden en el horizonte florecido de ilusiones de un mañana que anhelamos.

 

Disfrutemos, entonces, del paisaje en el quetranscurren nuestros días, saludables, todavía,placenteros, de lecturas continuadas, que incrementen el acervo literario, enfrentandodesafíos cognitivos que aguzan la memoria, descifrando crucigramas y otros juegos de palabras, ejercicios de la mente, al alcance de la vista ya cansada, con cuidados conservada, consentida y bien tratada.   

 

Vivamos los días sin prisa, de manera consciente, amigable y felizmente, digiriendo los insumos del saber con entusiasmo, sin lamentos ni amarguras recordadas, aceptando, eso sí, el paso del tiempo que nos marca con las huellas profundas e imborrables que traducen la historia que, página tras página, hemos escrito a lo Largo del camino recorrido. 

 

Son pasajes de la vida sin retorno que podremosrecordar y leer y releer a voluntad, para degustar,con fruición, con gozo intenso, o lamentarfugazmente si, en ciertos momentos, muy contados,tomamos senderos diferentes, equivocados, sin horizonte alguno, frutos del destinoque dejaron los surcos, la estela, la traza, la huella del tiempo que nos marca para siempre

 

Sigamos orientados, encaminados, a disfrutar de unfuturo abrigado y saludable, alumbrado por el astro rey” y por otros soles terrenalesmuy cercanos, de la entraña sensitiva, que nos miran, nos observan y que, con amor y comprensión, nos favorecen, nos ayudan y protegen.

 

Continuemos caminando, atravesando senderos y paisajes de alegría, y propiciemos momentos prodigiosos, familiares y sociales, culturales, quedejen, también, profundas huellas de grata recordaciónque, paso a paso, nos llevarán, un día, al umbral celestial que esperamos ver de cerca, lejano aun, eso deseamos, y disfrutamos al saber que marchamos por el camino vigilado, afortunadobrillante y majestuoso del otoño iluminado.

 

Ordenemos nuestros actos ya pasados y escribamos los capítulos faltantes del libro de la vida, con buena letra y recursos Fraseológicos, con perfiles y palotes, nítida caligrafía, artística, con signos góticos, y aportando las buenas acciones, con empatía, en familia, en sociedad, con los amigos, leales y sinceros que nos quedan después de agitar el cedazo selectivo.

 

Nos sentimos, así lo ha sido, fortalecidos por el cariño de nuestros hijos, caluroso, generoso y abundante, como caudales encauzados, en torrentes sibilantes, torrentosos, que dan sentido a nuestras vidas y orientan y estimulan el transitar hacia un bienestar espiritual en cielo que anhelamos y que alcanzaremos, Dios mediante, cuando nuestrasobras y trabajos terrenales hayan sellado el destino al que aspiramos.   

 

Algún día, esperamos sea lejano, los caminantesde hoy seremos alpinistas” talentosos del mañana y ascenderemos, seguros y confiados, hasta la cresta magna y su cumbre iluminada de magnifico esplendor, meta soñada, codiciada, que cruzaremos finalmente.

 

Ya parados en la cima, veremos de cerca el entorno celestial y su portón de ingreso, distante aun, que se pierde entre la bruma de los tiempos más remotosaquellos que caerán, como hojas de calendario, al viento de los años por venir.

 

Para escalar muy alto en nuestras pretensiones del futuro, la vida largacálida y saludable que soñamos, nubes arriba, penetremos sin reparos en la psicología restaurativa, que procura recuperar virtudes, orgánicas y mentales que se han ido y que podemos retraer en la mente creativa, deseosa de vivir.

 

Hay esperanza, hay ilusión, nada se ha perdido, existen todavía, solo se han escondido; se necesita, entonces, de la luz brillante de un raciocinio detallado, preciso, cimentado, como un mapa de la vida funcional para encontrar la llave extraviada en el cuarto del olvido y llegar a los tesoros orgánicosy mentales guardados, archivados, para hacer los cambios proyectados, que darán vida psicoactiva a los años por venir.

 

Por fortuna, renovados, con ajustes efectuados“mentales más que todo”, el legado que dejaremos, exaltando a nuestros padres amorosos e hijos adorados y los viejos amigos de mi infancia y mocedad, compañeros inolvidables de mi vida, de corazón aun adolescente, Santanderinos55, todos ellos, será un libro abierto al arbitrio del destino.

 

Vivamos con deleite, disfrutando de los dones del presente y…     ¡soñemos nuevamente!

 

¡Que horizonte más hermoso y fascinante! Al cielo iremos con el sol de medio día; no habrá nada que lo oculte. ¡Allí estaremos, en familia, orgullosos y piadosos! ¡sonrientes llegaremos! 

 

ANTONIO ALJURI

Tanus-Diciembre 2021

jueves, 21 de octubre de 2021

Antonio Aljuri nos dedica esta hermosisima e inspiradora exhortacion. Gracias estimado compañero!

 ODA AL FUTURO QUE AVISTAMOS

“La cresta magna del mañana que soñamos”

Reflexiones

Dedicado a mis compañeros, los “Santanderinos55”

Otoño en Primavera

Elucubraciones mañaneras, divagaciones otoñales, difusas y rituales

Tímida composición poética del género lírico.

 

¡Compañeros55, mis amigos:

Vivamos con vigor, con ganas e ilusión en el mañana, así debe ser, con energía, en la franja etarea en la que estamos, edad dorada, iluminada, sintiendo, percibiendo, con todos los sentidos, en la onda de frecuencia modulada, con sonidos musicales de canciones de celeste entonación, para los “Santanderinos55”, compañeros en acción, inolvidables, perennes e infinitos.

 

Cultivamos Flores de primavera en el otoño que vivimos, serenos y tranquilos, disfrutando del entorno familiar, solariego, que nos rodea, nos cubre, nos envuelve y nos da abrigo.

 

Volaremos con la imaginación en las alturas de la vida que aún nos queda y seremos caminantes de los bosques y praderas que no vemos, ¡presentimos!, con su despliegue de cromáticos paisajes.

 

¡Seguimos en tierra, aun nos quedan largos eventos por vivir y, cuando Dios diga, viajaremos al cielo que soñamos! Todo a su tiempo, sin prisa y sin temores; hay vida, hay energía.

 

¡Que despegue sus alas la noble ensoñación y que vuelen pensamientos y mensajes de ilusión! Son tesoros para guardar y mañana recordar.

 

Ahora, divaguemos un poco: Es grato elucubrar para crear y sentir y valorar el palpitar de las ideas que brotan caudalosas, presurosas y creativas.

 

Así, ensimismados, salidos de la tangible realidad, tomamos el sendero hacia la “cresta magna”, la cuesta a coronar, muy cerca del cielo, que se pierde entre las nubes y empezamos a soñar, a cavilar y a disfrutar del paisaje que ahora vemos. Caminamos sin parar, reflexionamos.

 

Somos los “caminantes” que trepan la montaña del mañana en el Otoño de la Vida, cultivando primaveras y esperanzas venideras.

 

En este tramo empinado de la vida al que arribamos, el camino que nos queda conduce hacia la cumbre, al infinito, a la dimensión del futuro en que pensamos, no cercano aun, eso esperamos, e imaginamos el dorado horizonte del “mañana”, en el presente.

 

Aquí, en el ahora, el tiempo se condensa en gotas de sabiduría. Hemos trasegado los caminos más diversos y bebido en las fuentes del conocimiento y la cultura. ¡Ya no corremos, caminamos!

 

Caminando y meditando hemos llegado lejos, muy lejos, hasta alcanzar la subida de la cuesta avizorada, al pie de la montaña que se yergue poderosas en la mente creativa.

 

Con la nieve en los cabellos que aún nos quedan, se incrementa la paciencia, nos atrae la bondad, la igualdad y la modestia; ahora sabemos esperar para lograr lo que está escrito, no editable, empero, alcanzable y perceptible, que llega por sí solo: el atardecer de “El otoño iluminado”.

 

Ya no corremos, caminamos con pausas paulatinas y labramos el futuro, haciendo del presente el mañana adelantado. Caminar es un deleite, una exquisitez física, un manjar que se degusta despacito, lentamente, una caricia, un esplendor, una frescura, una ambrosia que sentimos y disfrutamos plenamente.

 

Caminando recibimos la caricia de la brisa mañanera y el abrigo del sol del medio día; caminando nos llega la tarde y seguiremos caminamos hasta que nos cubra el velo de la noche despejada y… soñemos que soñamos. ¡Qué deleite!

 

Pensamos y pensamos, cavilamos, seguimos caminando y, a lo lejos, divisamos una luz que nos atrae y con hipnóticos poderes nos envuelve y emociona; son los reflejos del cielo que entre brumas nos deja ver del infinito un universo de estrellas rutilantes y un cielo azul que en las noches celebra su festival de luces y colores como un reflejo del arco iris del futuro adelantado.

 

¿Es una visión o una realidad?  De pronto, despertamos, ¿en dónde estamos? De nuevo caminamos y gozamos recordando el sueño que tuvimos: sí, abrimos brevemente el cofre del tesoro que guardamos y volaron mariposas de múltiples colores.

 

Todos soñamos para aliviar o recrear el pasado que tuvimos, grato o azaroso, lo que hubiera sido, que nos formó y estructuró y, aquí estamos, con las espadas de lucha que nos dieron los años transcurridos, con las penas que lloramos y los triunfos que tuvimos.

 

Somos viejos, el rostro se arrugó, la lozanía marchitó y las fuerzas se mermaron, se menguaron, pero la voluntad creció, el deseo de vivir se hizo más fuerte y nos armamos de valor y de coraje; no hay faena difícil cuando se emprende y se ejecuta con amor y valentía.

 

Siempre vencemos los obstáculos, por encima o por debajo o por los lados, flanqueando los puñales traicioneros de envidiosos, desleales, insidiosos y falsos personajes del ayer que superamos.

 

Si, la fe en nosotros y el amor celestial y terrenal que recibimos de Dios, de la amada y de la familia solariega, nos han guiado por las sendas del progreso, andando por la tierra abonada con trabajo.

 

Construimos, paso a paso, todavía, el futuro que nos queda y, cada día, llenamos los espacios vacíos que debemos descifrar, para vivir con deseos de vivir y de soñar.

 

Es el crucigrama de la vida, con desafíos laberinticos, mitológicos, con acertijos aun por resolver, que debemos idear, pluma en mano, sin declinar, a la luz de la “sabiduría de los años”, un tesoro, por fortuna, a bien usar.

 

Es tiempo de bañarnos al sol de un medio día, el pecho inhiesto, levantado, en un manantial de paz que nos refresque, que nos aliente y fortalezca para trepar, cuando sea hora, esa “cuesta magna” del mañana que soñamos y que, a lo lejos, se avizora y se vislumbra majestuosa.

 

 Algún día llegaremos, sí, cuando suene la campana de partida y la salida a la caminata final, cuesta arriba, corta o prolongada, en función de lo que hicimos y vivimos, de lo que merecemos o paguemos por el bien o el mal que propiciamos. Al juicio final asistiremos y llegaremos, no dudamos, al cielo que anhelamos.

 

A estas alturas de la vida, la sensibilidad de los sentidos sufre alteraciones, hay falencias, muta, se modifica, cambia, vemos con los ojos del alma, el gusto se refina y, paradójicamente, la tolerancia se amplía, somos más comprensivos, más humanos, más empáticos; las canas cobran significado y nos proveen de alternativas y salidas, de “artilugios metafísicos” que estimulamos, practicamos.

 

La actitud mental, la mente abierta, el poder de la mente sobre el cuerpo, el yoga y la meditación y la alquimia espiritual, para lograr que algo que tenemos se convierta en un elemento valioso, son espadas afiladas que esgrimimos a raticos en eventos retadores, activando las alarmas cerebrales que estimulan las neuronas y producen resultados somáticos visibles, sanadores; no seremos más viejos, seremos más sabios, más holísticos.

 

Vamos poco a poco, meditando y penetrando en la mente juguetona y caprichosa, insondable y misteriosa, dominante, poderosa e inconsciente que nos mueve y entusiasma o nos aflige.

 

Así podemos decir como el pensante: “solo a partir de mi mente puedo transformar el paraíso en infierno o el infierno en paraíso” o como el sabio: “la mente es como el paracaídas… solo funciona si la tenemos abierta”.

 

Animémonos y pensemos más, no decaigamos; bebamos elixir de alegría que nos embriague de optimismo; ¡cantemos y soñemos! Cultivemos primavera en el otoño. ¡Hagamos de la noche el día!

 

Tenemos la energía de la juventud mental y espiritual, avancemos, caminemos. Si hay movimiento hay vida, hay ilusión, hay alegría.

 

¡Seguimos en tierra, aun nos quedan eventos por vivir y, cuando Dios diga, viajaremos al cielo que soñamos! Todo a su tiempo, sin prisa y sin temores.

 

Hay vida, hay energía. Elevemos la mirada al horizonte que fraguamos en la mente creativa y sigamos caminando, avanzando y disfrutando del mañana adelantado que sentimos y anhelamos, que soñamos.

 

Llegaremos un día, muy cercano, o muy lejano; lo sabremos cuando se oiga el clarín que nos indique que ya empezamos la cuesta del mañana que avistamos.

 

Escuchemos las notas magistrales de la música de paz, de la vida sosegada, la serenata clásica en el balcón de los recuerdos más queridos, al compás de los latidos del corazón entusiasmado y solidario de la amada, la compañera de siempre, que nos ayuda, estimula y fortalece.

 

Lo que vemos y sentimos, hoy en día, en esta primavera del otoño al que llegamos, es el rayo de Luz que nos alumbra desde lejos, desde el cielo que anhelamos, es la Epifanía, la “revelación” indescriptible, la iluminación del mañana vislumbrado.

 

AAA.     18-10-2021 

lunes, 27 de septiembre de 2021

Hermoso poema de nuestro compañero Antonio Aljuri 


CANTO A LA VIDA

Sueños y anhelos.

 Voy cantando, voy sonriendo, los quebrantos superando y al cielo voy llegando.


Así es la vida, nacemos, nos crían, nos modelan y nos dejan; ensillamos el corcel educativo y galopamos y corremos, nos cansamos y seguimos, no hay descanso, el reloj marca el paso del tiempo y seguimos caminando y sonriendo, los temores apagando.


La juventud llega, disfrutamos, estudiamos, nos casamos, nos graduamos, trabajamos y una familia formamos.


En unión familiar progresamos, triunfamos, viajamos por el mundo, amamos y somos amados, alcanzamos las metas que anhelamos, somos fuertes, somos familia, disfrutamos de los triunfos que unidos logramos, libamos y cantamos.


Subimos la cuesta de los años y cae nieve en nuestra cabellera, escasa pero suave, fina y plegable, despeinada al viento y bien cuidada, pero al paso de los días, disminuida y escasa, de cabeza reluciente y, entonces, brota la inteligencia y da sus frutos, nos graduamos en las experiencias de la vida cognitiva. 


Que belleza: somos el futuro en el presente y el pasado en la mente cristalina, como el agua danzarina. Somos ríos o riachuelos según nuestros anhelos. Llegan los trofeos de oro y plata, o de cobre, si aflojamos.


Así es la vida, retadora y difícil, pero manejable con ajustes y desvíos por caminos de esperanza y logros de diversa variedad y calidad, al tenor de los sabores resultantes, agrios o dulces, al compás de la música tocada.


Somos directores de nuestra propia orquesta y compositores de la letra, que seguimos día a día, hora por hora a cada instante que gozamos o sufrimos. Actuamos en el rol de nuestra vida, y somos artífices del mañana que pensamos. La sugestión pesa, amanece más temprano y celebramos el día soleado, ¡disfrutamos!


Sí, nosotros creamos el mañana, tejemos el futuro y cosechamos lo que sembramos; no cogemos los frutos vecinales sino los que produce la tierra que labramos.


Llegamos lejos, muy lejos, en las metas alcanzadas. Los hijos han crecido y construido sus hogares. Los nietos nacen y de pronto somos abuelos y bisabuelos; disfrutamos de sus bromas y sus progresos, se gradúan y trabajan y triunfan o fracasan. 


Son sus cualidades adquiridas, con virtudes o defectos que les hemos trasmitido. forjamos sus vidas y futuros; serán de acero o de hierro al calor de la forja que encendemos y avivamos o apagamos lentamente, después que templamos como aceros las espadas de lucha que les damos.


En nuestro caminar por bosque y senderos de la vida, envejecemos y sentimos el paso de los años reflejado en nuestros rostros, con huellas marcadas pero dignas de mostrarse y gozarse. Somos viejos, muy viejos, pero fuertes y curiosos, inquietos, estudiosos, agradecidos y … soñamos.


El último tramo de la vida que, por ventura transitamos en familia, acompañados, con la amada, abrazados, mutuamente protegidos, nos permite leer el libro que hemos, con los años, dibujado e ilustrado con vivencias de variados sabores y colores y letras grandes y pequeñas del verso o la prosa que escribimos. 


El lapso que nos falta, corto o largo, según se ha vivido, según se ha comido, se ha dormido, se ha bebido, de copas disfrutado, y de alegrías, el alma, atiborrado. 


Vivimos de ilusiones que cristalizamos, realizamos. Tenemos fe y llenos esperanza caminamos por la vida.


Hemos sonreído y llorado con lágrimas que han brotado de pena o jubilo, pero que han limpiado los errores cometidos.


Qué bello es recordar, para vivir de nuevo, hollando otro camino, mas florido y emotivo. El carrusel gira y las imágenes aparecen refulgentes u opacas que vemos y gozamos o sufrimos, como todas las cosas del alma peregrina. 


Volvemos a ser niños y reímos y jugamos, rendidos, nos dormimos hasta un nuevo amanecer, que logramos al calor de un nuevo sol. Ya vamos haciendo camino, llegaremos un día. Los frutos maduran y mejoran, se endulzan y degustan en el banquete de los años transcurridos.


¡Así es la vida!, ya nos acercamos a las proximidades del cielo y entre nubes divisamos a San pedro con las llaves esperando para abrirnos el portón del infinito, del cielo azul tan anhelado.


 Vemos ángeles cantando en coro religioso, místico, esplendoroso, haciendo calle de honor a los que llegan; eso esperamos cuando suene el clarín y despeguemos en viaje celestial, tan temido y esperado.


 A las puertas del cielo, sin duda, llegaremos. No hay prisa, todavía disfrutamos de la vida y de sus galas; allí estaremos: ¿cuándo?: Dios dirá.


    AAA

              25-09-2021


viernes, 12 de marzo de 2021

Recordar es vivir. Discurso de Jaime Ortiz Añez Bucaramanga en 1995

 

Recordar es vivir

Discurso de Jaime Ortiz Añez durante la reunión que tuvo lugar en Bucaramanga para celebrar la

promoción de Bachilleres de 1955 del Colegio de Santander

 

Queridos hermanos de la promoción de Bachilleres de 1955 del Colegio de Santander y sus bellas y gentiles esposas. Exitoso comité Organizador de este acto memorable:

Cuando la Divina Providencia nos regaló la vida entre los años 35 y 40 del pasado siglo, se estaba publicando en Atlanta la famosa obra literaria "Lo que el viento se llevó", novela de amor y de guerra, que han sido éstas las dos constantes en la vida del hombre y de su historia. Desde entonces, ha corrido mucha agua debajo de los puente, y miles de millones de personas se han ido total, fatal y definitivamente de esta dimensión planetaria. En tanto, nosotros permanecemos aquí como reyes del tiempo y del espacio, indiscutiblemente vivos, saludables y vigentes y este maravilloso don nos convierte, automáticamente, en seres privilegiados, simple y llanamente, porque no todos pudieron ser de la partida y los demás se han ido para siempre.

De esta tan afortunada circunstancia de existir, se desprende que podamos estar aqui esta noche inolvidable y luminosa de noviembre, reunidos física y espiritualmente, quienes hace cincuenta y cinco años, en plena juventud adolescente, traspasamos entre medrosos, expectantes y cunosos, los umbrales del ilustre Colegio de Santander, sembrado orgullosamente en el histórico parque Centenario, tan rodeado por el sol reverberante, por los árboles de mango y por el ruido tropical de las cigarras. Oh! Nuestro amado Colegio!, la más grande vivencia, la más hermosa realidad de nuestras primeras incursiones intelectuales, donde alumbró el primer pan de nuestro espíritu, nuestro segundo gran hogar, el testigo inédito de nuestra primera novia, todo como en un espejo de dorada primavera.

Hoy estamos recordando con devoción plena de alegres evocaciones y de gratitud incancelable, a nuestros Rectores magníficos Juan de Dios Arias, notable y distinguido historiador de Santander; al Reverendo Padre Jesús Jaimes, quien vivió y murió en olor de santidad; a los insignes Vice-Rectores Juan B. Rey, Ciro Santander, Arturo Díaz Ballesteros; así como a nuestros caros y ejemplares profesores, gloria y prez de la docencia, algunos de los cuales fueron a la par maestros pintorescos, como Mister Ramírez, con sus característicos blue-jeans y zapatos tenis; a Santos López, con su calva brillante y alargada, donde se detenían dos ojos escrutadores y maliciosos; al muy bondadoso Monsieur Falk; a Ventarrón y su personalidad vigorosa, armada con su tabaco humeante; al profesor de latín, cuyas clases en el candente mediodía invitaban al aburrimiento y la pereza; a Champoleón, con sus tremendos ojos azules hablando de la secular cultura egipcia; a

Ramírez, de Física, cuyas magias y experimentos viajaban por los tubos de ensayo en mutaciones de materia y energía; a Guillermo Acuña, comandando las paradas y desfiles por las calles de Bucaramanga y en el estadio Alfonso López, donde marchábamos con orgulloso garbo militar; al académico Sarmiento de Cátedra Bolivariana, apasionado del Libertador y a quien logramos sacar de casillas cuando, en la clase dedicada a la muerte de Bolívar, concurrimos muy picarescamente acongojados, de mucho luto y ataúd.

Ah tiempos aquellos que volaron con velocidad supersónica y que es imposible rescatar, a no ser por los recuerdos maravillosos que estamos evocando en este momento estelar. Sin embargo, tengo la seguridad de que nos quedan años preciosos por vivir. Enrique Bergson, alto exponente de la evolución espiritual, apuntaba que “existir significa cambiar, cambiar significa madurarse, madurarse significa crearse indefinidamente a si mismo".

Tenemos muchas cosas por hacer, la misión no ha terminado; la vida nos sigue ofreciendo oportunidades espléndidas que alcanzaremos con un vigoroso impulso integral, con el concurso poderoso de nuestras familias y con la voluntad indeclinable de ser siempre los vencedores, como el mismo Cid Campeador, ganando batallas después de la muerte.

Esta mágica celebración de los 50 años de haber terminado la secundaria, alcanza el rango y calidad de fiesta inolvidable, especialmente por la presencia regia de la mujer, de nuestras lindas mujeres, esposas ejemplares, madres amorosas, jóvenes, tiernas y encantadoras abuelas, que son y han sido inspiración motivante y gozo inefable en nuestras vidas.

Esta noche, fantástica noche, re-encuentro de vigorosos y renovados espíritus, tenemos que guardarla en el rojo estuche del corazón y en el cofre luminoso del alma.

(Texto del Discurso fue suministrado por Victor Gabriel Martinez)

jueves, 4 de febrero de 2021

William Laverde también nos dejo.

 

                          WILLIAM LAVERDE

Compañero durante muchos años en el Colegio de Santander. Una persona sencilla, sin aspavientos, introvertida, que cumplía bien con sus deberes, que no participaba en los bochinches pero si en los juegos de trompos. Le gustaba el fútbol aunque no se destacó en ello. Era aficionado a las caminatas por espacios abiertos y a la observación de la naturaleza.

Desde temprano se vinculó a la Contraloría General de Colombia y allí a base de trabajo y buenos esfuerzos empezó a desarrollarse profesionalmente. Yo le perdí de vista durante un tiempo y lo volví a encontrar enn1975 en el Perú, en donde se encontraba en una asignación especial. El origen del re encuentro fue Jaime Parra Ramírez, el embajador colombiano en esa época, quien me comento que tenía la visita de un funcionario de la contraloría, que era santandereano, muy tímido y que por ello creía que estaba aislado y pasándola mal. Por aquello de santandereano y con el ánimo de ayudar a alguien sufriendo de soledad le solicité que me lo presentara y así apareció William en Lima. Le incorpore a nuestras actividades de fin de semana con lo cual su panorama cambio y pudimos acercar de nuevo nuestras vidas. Pronto después de esos encuentros regreso a Bogotá y ahí otra vez le perdí la pista hasta que en el 2005 celebramos en Bucaramanga los cincuenta años de bachillerato. En ese momento ya se había jubilado y estaba empezando a disfrutar de los beneficios de la libertad de tiempo y de un mejor flujo de caja propios de quienes alcanzan este beneficio en buenos términos. Lo encontré mas comunicativo y dado a emprender relaciones amorosas con mujeres jóvenes. A la siguiente reunión de bachilleres que tuvo lugar en 2015 ya no asistió pues lo estaban afectando impedimentos de salud. En una de mis últimas visitas a Colombia me entere de que sus problemas de salud se habían acentuado y de que se encontraba recluido en su domicilio. No he vuelto a recibir mas noticias suyas lo que me hace temer lo peor.

Era de estatura media y mas bien grueso. Caminaba con pasos lentos. El acné juvenil había dejado algunas huellas en su cara. Poseía una mirada dubitativa y profunda detrás de unos anteojos pesados. Vestía con sencillez.

Cumplió con sus deberes a cabalidad y fue siempre una persona de bien. Por todo ello merece nuestra admiración y buen recuerdo.

(Autor: Victor Gabriel Martinez Carreño)

Otro compañero que nos deja: Jaime Ortiz Añez

 

JAIME ORTIZ AÑEZ

 

El único hijo del gran poeta santandereano Rafel Ortiz González. Alto de buena apariencia y de muy cuidado “chipolo.” Heredó de su padre talento, bonhomía y sensibilidad social. En el Colegio siempre estuvo vinculado a todas las causas nobles. Fue un buen estudiante en especial en lo que refiere a las disciplinas de letras. Se esmeraba por progresar en materia literaria y de la gramática y hacía muy buen uso del idioma tanto en su comunicación verbal como en la escrita. Deseaba no quedarse atrás de su padre. Un buen compañero, afable y siempre dispuesto a darle una mano a los que la necesitaban. Aficionado a los deportes en especial el futbol y el atletismo. Derivo hacia el estudio del derecho, aunque creo que nunca lo practicó pues se dedicó con amor al periodismo gracias a su vinculación con “El Frente”, un bastión del conservatismo que su padre fundó y dirigió por muchos años en Bucaramanga. Con el paso del tiempo y gracias a sus buenos oficios terminó por reemplazarlo como director, actividad en la que permaneció algunos años hasta que fallecido su progenitor otras gentes tomaron control del periódico y lo desplazaron. Se mudo entonces a Bogotá en donde participaba en numerosos seminarios de naturaleza política y literaria defendiendo y difundiendo sus principios. Cuando en el 2005 celebramos los cincuenta años de Bachillerato fue el orador principal y pronuncio un bonito y emotivo discurso lleno de remembranzas que a todos nos conmovieron. Desde ese momento lo perdimos de vista pues se desconectó de todos los medios de comunicación.

Contrajo matrimonio a mediana edad y fue padre de varios hijos que heredaron los valores de su padre y recibieron una buena formación.

Su estatura se encontraba por encima de la del promedio, era poseedor de una agraciada faz de piel morena clara, sus ojos eran sobresalientes y comunicativos. Vestía bien a la moda y le lucía lo que usaba. Era buena percha tal vez pasado un poquito de peso.

Su bondad, su buena voluntad por servir y su meritorios y exitosos esfuerzos en pro de Santander y de la causa conservadora son dignos de encomio. El recuerdo de todos ellos permanece en nuestra memoria.

Lo apreciamos y lamentamos su retiro del mundanal ruido.

(Autor: Victor Gabriel Martinez Carreño)